SUEÑOS DE RASPACHÍN
Matías Godoy

Las fábulas árabes son el retrato de una sociedad, de su cultura, sus gustos y sus prácticas, pero-en un mundo que se extendía desde Marruecos hasta Iraq, racial y culturalmente variado y ampliamente analfabeta- estos relatos también eran unas de las herramientas más poderosas de cohesión social, de prédica religiosa y de propaganda política. Careciendo de imprenta, las fábulas eran la manera en que sultanes, emires y califas prácticamente incomunicados mantenían una estructura de poder en la que ellos, por supuesto, estaban arriba.
Sueños de raspachín nos sumerge en la naturaleza social y política de estas historias a partir de un ingenioso juego de suplantación de identidades: reemplazar los personajes propios de la sociedad árabe antigua por los de la sociedad colombiana; una sencilla pero afortunada alteración que, además de permitirnos comprender mejor los roles de sus protagonistas originales, nos revela, de manera sorprendente pero no necesariamente inesperada, que la estructura social de ambas culturas no difiere tanto como pensaríamos. Así los califas y los terratenientes se convierten en paramilitares, gamonales y políticos colombianos; y los granjeros y los esclavos, en campesinos y raspachines, condenados a permanecer en el escalafón más bajo y susceptible de la sociedad.
El resultado son estos collages llenos de una esquizofrénica y cínica moralidad y, al mismo tiempo, de ternura, respeto e inocencia; unos relatos a la vez locales y universales, capaces de develar, de manera a veces problemática, que, después de siglos de revoluciones sociales y transformaciones históricas, las relaciones entre jefes y empleados, entre poderosos y desposeídos, siguen siendo las mismas.

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